domingo, 29 de diciembre de 2019

Una nochebuena más (?)

Mientras te miraba rezaba una y otra vez para que ese momento no terminara. 
Había planeado muchas veces el momento en el que volviera a verte y a hablar contigo, pero como era de esperar nada salió como pensaba. Con una copa de más de las que me gustarían terminé la conversación siendo más sincera de lo que creo que te gustaría. No soy nadie para recordarte todo lo malo que pasaste a mi lado pero me encanta recordar todo lo bueno que pasamos juntos. 

Se que no me merezco el tenerte cerca, ni siquiera como amigo, pero que no sea así me está haciendo más daño del que nunca pude imaginar. 

Te vi de lejos y empecé a buscar la oportunidad para acercarme a tí, momentos más tarde cuando vi a tus amigos mi corazón se aceleró y por fin, tras uno de ellos te vi. Después de saludar a mis amigas llegué yo y no me paré a pensar si te apetecería hablar conmigo pero mi necesidad de tenerte cerca unos minutos aumentaba de manera exponencial. Te saludé y me puse como un flan. Hablamos de muchas cosas, ya no sabía por qué más preguntarte para seguir hablando contigo y poder recordar tu olor durante el mayor tiempo posible pero nunca es suficiente para hacerte recordar el mío. Te abracé y como he dicho te fui sincera, he dejado de mentir y de esconderme pero no soy nadie para forzar algo que no está en mi mano, sabes donde estoy y solo me hace falta una mínima muestra de lo que piensas sobre mí para luchar hasta el final o hacerme a la idea de que ya nunca más. Para mí será suficiente el poder hablar de vez en cuando y si te apetece una cerveza (como la que todavía te sigo debiendo). Me conformo con eso porque soy consciente de que la MJ de antes no se merece más, aunque me gustaría que me permitieras presentarse a la nueva. Mientras espero, contemplo las opciones que tengo y hablo con mi familia sobre ello. Desde que Marta no está y me separé de todos ellos las cosas van a peor, cuando creo que he encontrado mi sitio y que soy feliz, aparece algo para recordarme que nunca voy a volver a sentirme tan sumamente bien que cuando entraste en mi vida por la puerta de aquella biblioteca. 

Volví y recordé todos y cada uno de los momentos que vivimos entre aquellos libros, subí a la azotea y volví a escuchar las canciones que metiste en aquellos CDs, tengo la imagen guardada en mi cabeza de todos los posits en la escalera, de aquella rosa roja entre tus manos y ambos están a buen recaudo en una caja que siempre abro cuando vuelvo a casa. Recuerdo el concierto lo que llegamos a volar aquel día, el libro de poemas y una canción desesperada que ya no es poesía sin nosotros, mi libro favorito en el buzón de casa y aquella carta que cada noche vuelvo a leer para recordarte una vez más... 

Y después recuerdo todo el daño que te hice. No puedo arrepentirme más de cada lágrima que te hice derramar aquella noche y todas las siguientes que yo no vi. Si pudiera volver el tiempo atrás te diría tantas cosas que nunca fui capaz de atreverme a decirte... Todos y cada uno de los problemas que me han sucedido después de nosotros me han enseñado que no puedo volver atrás y arreglar mis errores pero sí puedo empezar a ser quien quiero ser, puedo intentar ser feliz con todas y cada una de las pequeñas cosas que me rodean y que si te apetece me gustaría enseñarte. Me gustaría ayudarte a recordar que como siempre te he dicho, las cosas buenas nunca cambian y las malas siempre pueden cambiar a mejor. No te pido ni prometo nada porque eso ya forma parte del pasado de aquella inmadurez que algún día me invadió, solo te escribo para recordarte que sigo, estoy y espero aquí. 

Como las cosas buenas nunca cambian, 
nuestros siempres nunca tuvieron fecha de caducidad. 

Recuérdame. 

domingo, 1 de diciembre de 2019

A veces con la verdad sin adornar basta.

Te pienso desde el día que te deje marchar, desde la última vez que rocé tus labios. Tendría que haberte vuelto a besar o decirte que te quedaras un minuto más.
Te echo de menos. 

miércoles, 27 de noviembre de 2019

It doesn't expire.

8 borradores y 2306 palabras después me encuentro delante de mi teclado pensando si debo olvidarte o volver a recordarte una vez más. 


He intentado olvidarte, con todas mis fuerzas, lo prometo. He intentado perderte la pista, porque de vista ya lo había hecho, pero para ello tenía que seguirla a ver dónde podría perderla. Últimamente ni me explico ni dejo de explicarme cómo soy tan capaz de ser tan bonita y tan gilipollas a veces. Llevo intentando perderte la pista desde hace 3 años, y no sé cómo lo hago que tanto intento no encontrarte que me encuentro buscándote. 



He escrito y no enviado tantos mensajes cada día que ya he perdido la cuenta. El último que envié recibí una respuesta que no quería aunque la esperaba, me alegré por tí, pero no por mí ya que sin ti todo es más difícil. 
La última conversación que tuvimos frente a frente me dijiste que te habías vuelto a enamorar y me volví a romper un poquito más. Obviamente mi corazón se acorazó en un segundo y te dijo que me alegraba muchísimo por aquello, qué pena que pudieses ser feliz sin mí, cuando yo sin tí ni siquiera era. Te hice creer que sí, te hice creer que no recordaba Londres, ni París, ni a la pequeña de ricitos morenos. Y te despediste de mí sin más, como si no importase que probablemente tardaríamos años en vernos. Hoy he vuelto a encontrarme buscándote, he vuelto a mirarme en el espejo y me he descubierto recordándote abrazando tus brazos a mi espalda. No recuerdo la última vez que dejé de pensar en tí. Pero sí recuerdo la última vez que te hice creer que ya no pensaba en tí. Fui capaz incluso de tapar mi corazón con un amor que yo sabía que no lo era, pero dispuestos a aferrarnos, ¿por qué no cualquiera?

Te echaba tanto de menos que esperaba que aparecieras por aquella puerta de aquel salón de actos, que me dijeras que te morías por ver bailar a tu bailarina y que daba igual lo que pasara después, que estando juntos todo se arreglaría. Lloré. Aquel día lloré tanto que salí a bailar con los ojos hinchados. Hice un solo que te dediqué a tí pero que nunca verás, me hice fotos con lo más importante de mi vida, pero siempre faltarás tú y salí corriendo. 

Ese mismo verano me fui lejos pensando que podría dejar a 4.000 km todos y cada uno de los errores que había cometido en el pasado pero no fui capaz hasta que entendí que allá donde yo vaya vendrán conmigo. Porque son parte de mí, algunas veces me gusta creer que convivo con ellos y que los acepto, pero a veces es tan complicado mantenerlos a un lado que aparecen para tumbarme y presionarme el pecho. 

Te escribo de nuevo para que, aunque sea egoísta, me recuerdes un poco. Para que sepas que aunque esté lejos no me voy, que espero verte pronto y verte feliz aunque no sea conmigo. Ojalá pudiese enmendar todos mis errores; Ojalá la presión que te provoqué a tí en el pecho se quede conmigo siempre y no vuelva a visitarte nunca; Ojalá vuelvas a verme bailar y por último, ojalá algún día puedas perdonarme y me recuerdes con todo el amor que yo todavía te tengo. 

Nuestro siempre, no tiene fecha de caducidad. 

Siempre me dijiste que era poesía pero no sabías que juntos lo éramos y que sin ti, no soy. 

Nº de palabras: 23 06

Mistakes.

Una vez alguien me dijo que cada entrada es un sentimiento de un determinado momento, y por ello las borra cuando ya no lo siente.

Pero en mi opinión cada una de esas entradas tiene fecha, hora, nombre y apellidos y alguna persona a la cual va dirigida. Lea o no, dicho texto, está escrito para ella y ha formado o está formando parte de tu vida.
 Por esa misma razón no es mi caso. Las dejo ahí porque son parte de mi vida, son parte de mi, de más tarde o más temprano pero mías.

Cada una de esas palabras es parte de mi pasado, bueno o malo, lo es. Debería de haber elegido en algunas situaciones palabras diferentes que probablemente hubieran hecho menos daño a las personas que tenía a mi alrededor y que no me hubieran provocado perderlas, pero a lo hecho, pecho.
Antes no era capaz de admitir mis errores, escribir sobre ellos y de vez en cuando releerlos para no volverlos a cometer. Cada uno de ellos me han hecho ser quien hoy soy, mi camino y el lugar donde he llegado. Por eso cada palabra que escribo, sale de mi corazón, a lo mejor dichas demasiado tarde o salen desbocadas (no siendo el mejor momento para hacerlo), pero a lo hecho, pecho.

No sé si es una parte positiva o negativa que no quiera deshacerme de ellas. Pero yo considero que es una virtud el no arrepentirse de nada de lo que he hecho en mi vida porque en cada momento lo he hecho por algo, por alguien o por alguna razón. He aprendido muchísimo de todas y cada una de las personas que han pasado por mi vida y espero haberles aportado algo bueno o malo a ellas. Bueno para aplicárselo y malo para aprender a conocer antes de acercarse a alguien.

Pido perdón a todas esas personas que he fallado o hecho daño, estoy intentando ser la mejor versión de mí misma para que en algún momento de mi vida, las personas que formen parte de ella se sientan afortunadas de tenerme con ellas.

Doy las gracias a todas las personas que se han cruzado por mi camino, por cada palabra siendo sincera o no me ha aportado algo que me ha llevado a ser lo que hoy soy. Mejor o peor, soy.

Hacía tiempo que no publicaba nada porque escribir escribo siempre, pero hay veces que de tanto pensar, no hacemos las cosas porque siempre tendrán un pero o algo que te retenga. Nunca es perfecto, siempre falta algo que pueda hacerlo mejor. Pero de eso se trata, de ensayo y error, de cometerlos, remendarlos y sobre todo de aprender de ellos y comprender que no se termina el mundo porque alguien se vaya de nuestra vida o porque alguien crea que no somos suficientes para ellos.
El proceso de creación de una persona es muy largo, ahora mismo mis altibajos son tales que en un momento puedo pensar que soy la persona más feliz del mundo y en otro que no sirvo para nada. De eso se trata, de reír, llorar y conocernos un poco más. No depender de nadie, simplemente de ti mismo, porque eres con la única persona que vas a pasar el resto de tu vida. Y si no me quiero yo, ¿quién va a hacerlo?

Es muy fácil decirlo y muy tortuoso el camino para conseguirlo.

miércoles, 2 de enero de 2019

''Fix me''

Recuerdo aquella(s) vez(ces) que te rompí.

Las recuerdo como si fueran ayer. Las lleva mi conciencia clavada y no las deja ir, ni nunca lo hará. Recuerdo el momento en el que te convencí de que no íbamos a ningún lado, de que te estaba haciendo más daño del que podías permitir pero también recuerdo que eres el único que siempre me ha conocido de verdad.

Tengo guardada la entrada que escribiste en ese blog de koala, ese que desapareció cuando te empujé para que te alejaras de todo el daño que te estaba haciendo y me escribiste las palabras más dulces y más amargas que nadie me ha dicho jamás. Me las merecía. Me merecía que todo el daño que te hice me fuese devuelto, que toda la inmadurez que coseché durante esos años me pegase una bofetada de conciencia cuando conté las veces que pensaba en tí y me di cuenta de que nunca dejé de hacerlo.
Siempre fuiste la persona a la que me moría por contarle las cosas. Aquella a la que me moría porque viniese a visitarme en un año tan duro como fue aquel lejos de casa. Necesitaba que vinieses y me abrieras los ojos como siempre hiciste. Me temía perderte y aquí me tienes dos años después de la ruptura, rota, desecha y deseando encontrarte en el sitio de siempre, con la misma música, con tu sonrisa y con aquella voz con la que te dije un día que ya no provocaba nada en mí. Qué ilusa. Desde aquel día no he parado de volver a escuchar una y otra vez esos audios que me enviabas. No he parado de recordar todas y cada una de las llamadas que me volcaban el corazón solo con ver unas letras en la pantalla del móvil para después pulsar el botón verde y escucharte de nuevo.
No sabía lo que iba a pasar después de todo. Pero tú sí. Lo sabías desde el principio y no quise escucharte, no quise darte la razón sabiendo que la tenías. No quise darme cuenta de que si te perdía estaría perdida. Que iba a pasar sin ti el año más duro que he vivido y el más intenso a la vez, espero que nunca olvidaras que todas aquellas cosas que me pasaban, te las contaba en sueños porque yo sí que soñaba despierta. Pensé que iba a conseguirlo, que simplemente iban a ser unos días de bajón, o unos meses, me autoconvencí de que pasaría, de que quedaríamos en el olvido. Pero algo que no muere no puede llegar a ser olvidado.

Un año después volví a buscarte y un 23 de Junio en San Juan, tu ojito derecho me dijo que te había roto una vez más cosa que no merecías. Poco más tarde te vi pasar por la clínica, como es obvio me faltó tiempo para salir corriendo a saludarte y me enteré de que te ibas. Me alegré como nunca lo había hecho en mi vida por nadie, sabía lo que habías luchado por ello y no te podía decir algo que yo había estado sintiendo para tú cambiar tu parecer, no podía permitirlo. Por ello no paré de repetirte que iba a ser el mejor año de tu vida, porque deseaba que lo fuese para tí y no cometieras el mismo error que yo tirando casi por la borda tres meses de lo que iba a ser el mejor año de mi vida. Desde el principio habías estado luchando por algo que era tu sueño y no sabes lo feliz que me hace verte completar tus metas, aquellas por las que tanto has aguantado para llegar al final. Me hubiera encantado estar en la posición en la que tu estabas cuando descubrí que efectivamente me iba a Finlandia, me hubiera encantado que hubiese sido la primera persona a la que corrieses a contárselo, pero no me lo merecía y lo sé. Tenía que despedirme de ti como fuera. Tenía que decirte lo que te echaba de menos, que no quería que te alejaras de mí, que quería retomar aquello que nos hizo felices y yo rompí o al menos remediar que me odiaras pero sabía que ese lugar ya no era mío. Que era el momento de que otra persona te hiciera sentir como un día te sentiste conmigo.
En el fondo no quería saberlo pero necesitaba saber si había la más remota posibilidad de que quedase algo en tí de mí, aunque fuese el simple recuerdo. Y me di cuenta de que no, que me habías superado y que me tenías guardada en ese cajón donde los vales nos esperan, donde la poesía espera a su poeta y donde ese profe de natación y de autoescuela nos espera impaciente. Ya no habrán mas tardes de verano en mi piscina o en la tuya, ni más noches durmiendo juntos, ni más reencuentros, ni más reconciliaciones...

Necesitaba preguntarte si en efecto estaba siendo el mejor año de tu vida y obviamente es así, con tus ganas de volver aunque se te vaya mucha gente hay otra que sigue. Me alegré mucho por ello pero lo que más necesitaba de ti era saber si me recordabas y lo haces, pero no volverías atrás cosa que yo he hecho incontables veces desde que te dejé ir pero esta última conversación nuestra ha sido liberadora. Sabía que seguías siendo tú sin mi y supe que yo podía ser sin tí, que no era el fin del mundo y que me queda mucho por delante. Te dije para variar que no había encontrado mi sitio porque de verdad aún no lo he hecho pero lo haré, te lo prometo, se que lo conseguiré algún día aunque me cueste el trabajo que me cueste. Esa noche después de tí puedo decir que me liberé, que el nuevo año no ha empezado tan mal como lo esperaba y que tengo mucha gente a mi alrededor que se que van a permanecer como la familia que son (elegida o no). Tras verte tan bien nadie se imagina lo que me alegré por ti y porque estuvieras consiguiendo por lo que tanto habías y estabas luchando. El viajar, el Erasmus, el idioma, la gente...
Hoy puedo decir que soy yo sin tí, que estás como un bonito recuerdo al que ya no necesito volver para echarte de menos. Siempre querré volver a verte y nunca te voy a negar una cerveza de esas tantas que me debes pero eres una parte de mí que ha quedado en el pasado, eres un bonito recuerdo y siempre lo vas a ser.

Gracias por ser tú, por enseñarme tantísimas cosas y recordarme que puedo ser poesía y poeta al mismo tiempo,
mi poesía
mi poeta
muy mía.

Gracias y Feliz año nuevo
2019.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Con las ganas.

Irrumpió en mi vida como si nada. Empezó a establecerse y a invadir mi corazón sin que me diera cuenta, o mejor dicho, yo hacía como si no me diera cuenta. Me gustaba la manera en la que me picaba hasta sacarme de quicio para luego decirme que se moría por mis huesos cada vez que sonreía, y yo lo hacía con él. No éramos lo que todo el mundo esperaba. Me hacía sentir una confianza en él como nadie en mucho tiempo lo había hecho. Puede ser que hubiese un huracán a la vuelta de la esquina pero me gustaba pensar que eso no ocurriría. 

Nos conocimos leyendo, buen comienzo y con una noche, con un ‘baja, te espero’ y una despedida terminó robándome aquel inesperado beso que no tenía en mente cuando salí de casa esa noche. Pero supe que no iba a ser el último de nuestro camino y de hecho no me equivocaba. 
Me descubrí un par de días después de eso, con la vocecita de siempre recordándome que algo pasaba y no iba a terminar bien, pero a quién le importa, tarde o temprano el amor no acaba bien. No podía llamar amor a lo que teníamos, ni puedo hacerlo ahora pero había algo especial en nosotros, sabía que nuestro camino iba a ser único y ambos éramos conscientes de ello. Él tenía algo especial que me hacia abrir mi corazón y dejarle entrar de cabeza. Ese fue mi problema años antes, abrirme demasiado a alguien que no tenía los mismos sentimientos que yo.

Me encantaba, obviamente, todo de él. Su manera de ser, de actuar conmigo, de hablarme y de ser él tan abiertamente. No podía perder la oportunidad de aprender de él pero me daba miedo que después de haberle brindado toda mi confianza la usara en mi contra o la rompiera, porque ya lo habían hecho antes. Pero un día una persona me enseñó que no todos los hombres son iguales como siempre se ha dicho, ni son, ni se comportan igual, ni por supuesto tienen las mismas personalidades. 
El día que volví a verlo no sabía qué iba a ser de nosotros pero me encantó su curiosidad, su manera de mirarme con aquellos ojos que parecía que analizaban cada parte de mis gestos y que me gustaban tantísimo. 
Siempre había tenido la imagen de encontrar a mi príncipe azul aquel que me quisiera por encima de todo y yo lo hiciera con él pero las cosas no suceden así. Con el paso del tiempo descubrí que no todo ocurre como queremos, ni en el momento adecuado pero, quiénes somos nosotros para decidir si lo es o no, ya que para comunicar algo que no es grato, nunca va a haber un momento adecuado.  

Que hay pecados compartidos de los cuales no todos estamos orgullosos, completa o parcialmente pero siempre serán parte de nuestra vida. Como aquella vez en la que no esperaba encontrarte tan cerca de mí. Mil preguntas resonaban en mi cabeza, no sabía cómo ibas a reaccionar. Por ello me disfracé de tí con esa seguridad en ti mismo que rebosas y que soy muy consciente de que me falta aunque no parases de repetir que era lo mejor que te había pasado. Que no me ibas a dejar nunca. En ese momento fue cuando me cogiste de la mano y me dijiste que siempre he sido poesía y que no ibas a ser poeta sin tu poesía.
Jugué a ser humana pensando que ambos lo seríamos pero no me percaté de que nosotros nunca lo hemos sido ni nunca lo seremos. Nos quisimos como pingüinos, desfallecimos al igual que los inseparables cuando son alejados de su media naranja. Hubieses hecho lo que te hubiera pedido, lo sé. Pero no podía pedirte algo que me tocaba darme a mí, no podía exigirte algo que era mi trabajo, no el tuyo. Lo hice por tí aunque nunca lo creíste, te deslizaste cada noche por mis mejillas para recordarme que seguía enamorada de tí como el primer inocente día. Aquellos días no paraba de recordar todas las noches que pasamos jugando a no querernos dormir, pero a querernos en silencio y como nadie lo ha hecho nunca. Los anclajes de mi corazón al tuyo cada día eran más y más fuertes pero ya me conoces por mi inestabilidad y no podía permitir que mis anclajes rompiesen los tuyos, ni que los tuyos se rompieran por mis quejidos. Esos que nunca escuchaste porque no te deje siquiera explicarte, sabía que si te volvía a escuchar esa voz por la que moría cada vez que la sentía no iba a poder dejarte ir. Porque dicen que si amas, déjalo ir, ¿no? Me asusté de que fuésemos más de todo lo que había soñado, me asusté de que fueras más para mí que yo para tí, me asusté de no estar a la altura, de hecho nunca lo estuve y salí corriendo. Fue la única salida que encontré a esas alturas con el miedo que me han dado siempre…

Te seguí desde lejos todo este tiempo, quería estar en tus éxitos sin que tu lo supieras pero me di cuenta de que el que siempre estaba en mis éxitos eras tú. Siempre perseverando, como las hormiguitas que nunca se rinden, he aprendido mucho durante este tiempo sobre los animales. Tu respuesta ahora mismo hubiera sido, ¿más? Qué sorpresa, ya lo sabía, siempre lo supe. Tendrías razón y la tenías en ese momento, como siempre. 
Después de tí cada noche se me retorcía el estómago un poquito más, hasta que oí de tí que te iba genial sin mí, que eras feliz, que salías, que bailabas y que sonreías más de lo que lo hacías estando conmigo y ahí fue cuando me di cuenta de que en su momento había elegido la opción correcta, aunque no fuese lo que yo quería ni lo que queríamos ninguno de los dos, ahora sé que hice lo correcto, ¿o no?

Siempre fuiste parte de mi camino, nunca te separaste de mí, me enseñaste a volar como nadie nunca lo ha hecho y siempre tuviste razón con respecto a nosotros. Aunque yo no quisiera verla. Pero no me voy a acercar de nuevo, no te puedo hacer eso. Ahora que veo que estás despegando hacia todos aquellos viajes con los que una vez soñabas a mi lado, es hora de hacerlo realidad y conseguir todo aquello que un día soñaste y te propusiste. Siempre fuiste un luchador y quien la sigue la consigue, eso ya lo sabes. 
No se lo que el destino nos tiene preparado pero lo recibiremos con los brazos abiertos, y si vienes con él te daré la razón, como siempre.
Aunque siempre sea mucho tiempo…
Siempre recordaré cuando me estrujabas al volverme a ver, aunque no te diga nada, ni sea capaz de hacerlo, sé que lo sabes porque la esperanza es lo último que se pierde. 
Adoraba acariciarte la espalda con las yemas de mis dedos, era como si el roce de mis dedos con tu piel me acelerara el pulso al igual que tu mirada. 
Cada vez que me miro al espejo intento recordar aquellos abrazos por la espalda que me dabas, que sabes cómo me gustan, para poder sentirte un poco más cerca. Para recrear aquellos momentos en los que me sentía llena y completa contigo. Sin embargo hoy me descubro recordándote de nuevo, con las legañas ya enganchadas a mis ojos. Me estoy disfrazando de tí para acercarte a mí y así acercarnos a aquellos viejos tiempos que tanto echo de menos. Te disfrazo de mí, imaginándote el día de mi cumpleaños con una rosa roja y unas chanclas que contar en la azotea esperándome para hacer por mí algo que nunca nadie se había atrevido a hacer. A las pruebas me remito, jugué a ser humana cuando empecé a descontrolar lo que teníamos entre manos porque cariño, estaba hasta las manos contigo. Pero ese mismo descontrol que me hizo enamorarme de tí, me arrancó de tu lado para llevarme a aquel mundo gris; No sé cómo ni cuando fue, igualmente me sigue encantando pensarte conmigo. 
Me gustaría ser capaz de morder ese momento en el que te rompí, tirarlo al vacío y borrarlo de tu memoria. No me di cuenta de lo que estaba perdiendo, supongo que todos cometemos errores pero espero que no fuese el que te haga alejarte de mí para siempre. Desde aquel día te volviste a deslizar por mis mejillas como cada noche, como con cada luna llena y como cada estrella las que entristecen porque ya no somos.  
No sé que acabó sucediendo solo sentí dentro dardos después de todo lo que nos atravesó, pero nuestra incómoda postura, mi incómoda postura, no podía dejar que te afectara a tí eso nunca lo permitiría. Al volver la vista atrás ya no sé si es una incómoda postura o era yo la que se imaginaba que algo no iba bien. Creía que si te arrastraba conmigo ibas a terminar como yo y era lo último que quería y ahora eres lo que necesito, te necesito conmigo. 
Esto se está convirtiendo en una súplica porque siento que las cuatro paredes, entre las que estoy, se están acercando cada vez más, en el espacio donde me encuentro me falta el aire y no puedo salir de aquí, no puedo hacerlo sin tí. Siempre fuiste mi bocanada de aire fresco que me daba aliento, el que estaba cuando nadie lo hacía y el que me cogía de la mano cuando me caía y me animaba a continuar. Ahora me faltas y el dolor en el costado no para de crecer cada vez más. Mis ojos se nublan con el recuerdo de tu mirada, tus besos se disipan y me muero de sed aunque esté tragando, ya que estoy intentando que el recuerdo de tus labios con los míos no se quede en el olvido. Como cuando te dije ‘no quiero estar a tu lado’ aunque fuese mentira. Ojalá ese momento haya quedado en el olvido y no resuene en tu memoria. 
Me disfrazo de tí, te imagino disfrazado de mí y juego a ser humana en esta habitación sin tí. 
Muerdo el tiempo por tí para ver cuánto me queda para verte, pero al verte me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos. 

Con estas palabras vacío mis entrañas, te las muestro y finjo que todo está bien, que sin tí es más fácil aunque ya sepas que eso no es así. Me pierdo entre ellas soñando que algún día te pasarás por aquí a leerlas, a sentirlas, y al perderme con ellas te recuerdo sin ningún esfuerzo. Te pasarás a decirme que todo va a ir bien como siempre hacías y que ya sabías que lo conseguiría. 

Te pasarás y me moriré de ganas de decirte, que te voy a echar de menos

lunes, 23 de julio de 2018

Lo que te has perdido.

¿Cómo querer cuando ni siquiera te quieres a ti mism@?
¿Cómo hacer feliz a alguien cuando no lo eres contigo mism@?
¿Cómo conocer a alguien cuando no me conozco a mi misma?

Estas son las preguntas que cualquiera diría que son una tontería o que no tienen importancia, que simplemente con el tiempo aprendemos a querer con o sin daños provenientes de otra persona. Estas son las preguntas que yo me hacía hace 10 meses y a las que nunca les vi respuesta hasta que me conocí.

Hace exactamente 11 meses, me despedí de lo que creí que era lo más importante para mí y de aquello en lo que tantísima confianza y corazón puse. Pero después de un par de meses de mi partida, me di cuenta de que no todo es lo que parece y que no es bueno ponerle el corazón en bandeja a alguien porque eso le da el derecho a hacer lo que quiera con él. A lo mejor las intenciones en un principio no eran herirlo pero detrás de todo aquello se escondía una excusa hecha espada que lo partió en dos sin que yo me diera cuenta. Lo hizo poco a poco pero sin ningún cuidado y antes de estar seguro de haberlo roto bien en trocitos, junto con la tardanza que llevó, me quitó aquellas tiritas que sabía que tras sus heridas yo las iba a necesitar. Pero no supo que las decepciones tras llorarlas un poco son lo que más cura un corazón.

Volví a casa, e ingenua de mí, pensé que lo que yo había creado durante 13 meses iba a poder retomarlo o al menos rellenar las grietas que tuviera para construirlo más y más fuerte, pero eso no pasó. Me dí cuenta tarde de que los sacrificios que uno hace por la gente que quiere no siempre son devueltos con el mismo amor, y ahí está la decepción. La que después de una, otra, y otra y otra decide parar y quererse. De ahí renazco yo.

El renacer de una persona que ha estado confiando en los pilares que ella creía más fundamentales para ella y que se le desplomaron junto con su mundo entero. Ahí fue cuando me dí cuenta de que estaba sola. Creí que mi mundo llegaba a su fin, que desaparecería junto con todo el amor que dí pero no recibí de vuelta, creí que después de ellos (no me refiero solo a tí) no había más. Hasta que me agarré a aquella mano que nunca me suelta, y lloré. Lloré mucho. Pero ella me secó las lágrimas, me abrazó y me dijo que nunca se iría, que los amigos vienen y van, pero la familia no. Esta mi familia está conformada por esas personas que me ven mal y no les hace falta preguntar, porque me conocen lo suficiente como para simplemente abrazarme y ahí darme cuenta de que a su lado todo va a estar bien. Porque con la familia que no he elegido, y con la familia que sí he elegido me siento en casa, siendo esta aquí y en Nummela. Aquel pueblito que nadie conoce pero que no sabe lo feliz que me ha podido hacer en tan poquísimo tiempo. 

Tras hacerme esas tres preguntas una y otra vez, decidí que era hora del cambio, un cambio en mi vida y en mí que me iban a convertir en la mujer que soy. Así que, te has perdido quien soy, lo que estaba dispuesta a entregarte y te has perdido quien es, la mujer que ahora tienes delante. 

Siempre te dije que ponía cuerpo, corazón y alma, pero cuando alguien rompía esa confianza que yo entregaba completamente, ya no la volvía a recuperar y aquí me ves, sin rencores pero sin confianza que entregarte y entregaros a aquellos que cuando más os necesitaba simplemente desaparecisteis y os reísteis de mí sin yo saberlo siquiera. Pero gracias a la familia de la que hablo, estoy en pie y muy feliz. De hecho, me gustaría daros las gracias a aquellos que me habéis hecho más fuerte con vuestros daños pero no esperéis que vuelva porque cuando más me necesitéis y cuando estéis al borde del abismo, tendréis la esperanza de mi vuelta y no será así. Porque sin daros cuenta, me habré ido.

Para siempre.